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El

Sistema

Agroalimentario

Mundial

Intentaremos como primer paso, una aproximación para comprender las transformaciones que han venido ocurriendo en las últimas décadas en el mundo, y fundamentalmente, identificar cuales son aquellas que han adoptado los sistemas agroalimentarios internacionales en función de los cambios políticos, económicos, sociales, demográficos y ecológicos que van delineando tendencias también en la organización empresaria y en las pautas y patrones de consumo.

Si hay un rasgo importante que marca la transformación del mundo, es la creciente internacionalización de la economía que se evidencia en un aumento muy acelerado del comercio internacional, que crece en las últimas dos décadas, tres veces más que el producto bruto internacional. Ello es un aspecto importante a considerar pues si bien este comercio crece aceleradamente, si se lo analiza detenidamente, este crecimiento no ha sido homogéneo ni parejo para todos los subsectores de la economía. Es así como los productos manufacturados crecen mucho más rápidamente beneficiando en este comercio a los países de mayor desarrollo industrial.

Otro aspecto que caracteriza este cambio acelerado del mundo, es la caída del bloque soviético. Esa caída de una estructura de economía centralizada y planificada trae aparejada una progresiva democratización de esos países y también una progresiva apertura de sus fronteras que implica la posibilidad de inversiones y modifica la asignación de gastos y de inversiones de otros países fuera del ámbito del bloque soviético. Es así como una carrera armamentista que implicaba una asignación de recursos cada vez mayores empieza a modificarse porque se diluye la teoría de la mutua destrucción asegurada al desaparecer uno de los contendientes. En consecuencia esa asignación de recursos en gastos militares pierde sentido (comienza a verificarse otro tipo de estrategia militar en función de dirimir pequeños conflictos regionales) disminuyendo el gasto, y entonces quedan liberados recursos importantes hacia otros destinos. Este es otro elementos muy importante del panorama de cambio que está sufriendo el proceso político mundial.

Hay un tercer elemento importante de destacar. Por un lado, esta internacionalización de la economía mundial a través del incremento del comercio globaliza la economía mundial pero simultáneamente comienzan a conformarse bloques económicos.

En principio, por la década del 50, se constituye la Comunidad Económica Europea -en ese momento de los 8, luego de los 10, actualmente de los 12 y muy probablemente en tiempo más será de los 14 o de los 16- que ha completado un ciclo importante de integración a partir de 1993. Uno de lo elementos esenciales en la construcción de esta comunidad económica ha sido una política agrícola común. Es bien sabido lo que ha significado y todavía lo que significa esta, para países productores, como Argentina, de granos y carnes. Esta constitución de bloques que, a través de políticas determinadas, conforman posibilidades de acumulación privilegiada de capital, se contradice con la globalización de la economía. Sin embargo, se siguen constituyendo nuevos bloques económicos o espacios privilegiados de comercio. Es así como surge el NAFTA, ratificado por el Congreso de Estados Unidos, que integra ése país conjuntamente con Canadá y México. También en el área asiática, con el liderazgo de Japón y su zona de influencia en el Océano Pacífico se va construyendo otro bloque económico, y más cercano, con el MERCOSUR también se va conformando, a pesar de múltiples dificultades, otro gran espacio económico.

Queda planteada la duda, aunque todavía es temprano para poder tomar una definición, si estos bloques económicos se van a constituir en espacios privilegiados o barreras infranqueables para el acceso de productos de terceros países, van a ser en alguna medida autosuficientes en su interior o van a constituir espacios donde construir ventajas competitivas y penetrar en terceros mercados. Existen signos hacia uno y otro lado que pueden demostrar todavía muy tempranamente visiones optimistas o pesimistas en este desarrollo. Dentro de este proceso de transformaciones hay un elemento central: en poco más de 20 años -entre 1965 y 1988- el mundo creció en la generación de riquezas. Tomando el producto bruto mundial como elemento marcatorio de la creación de riqueza, tenemos que en 1965 el producto bruto mundial estaba en el orden del 1,7 trillones de dólares; 23 años más tarde este producto llega a 17 trillones de dólares, es decir se multiplica por 10. El mundo es más rico globalmente. Pero hay otro aspecto esencial y a destacar: en 1965 los EEUU participaban con algo más del 40% del producto bruto mundial, y 23 años más tarde participa sólo con el 29% de dicho producto, y emerge fuertemente Japón con algo más del 17%. Esto indica que EEUU disminuye su liderazgo económico mundial mientras se atomiza mucho más la economía del mundo. Hay una serie de acontecimientos que confirman esta pérdida del liderazgo: reclamos de EEUU en el GATT y también ante Japón de apertura o mayor liberalización de los mercados, que no tienen una rápida respuesta y son negociados trabajosa y lentamente.

Este breve y escueto pantallazo sobre lo sucedido en el panorama político económico mundial, permite ingresar al proceso de cambios que está sufriendo el sistema agroalimentario mundial, fundamentalmente en el análisis de dichos sistemas en los países industrializados, ya que si bien éstos contemplan solamente el 16% de la población mundial, tienen a su vez una demanda efectiva de alimentos del orden del 56%.

Por otro lado, en la CEE, en el área de Japón y en América del Norte están asentadas el 76% de las grandes agroempresas alimentarias del mundo. Por ello, analizando lo que sucede en la evolución de estos países se explicarán efectos que tienen necesarias derivaciones en los países de menor desarrollo relativo. Estos sistemas agroalimentarios internacionales están sufriendo importantes procesos de cambios y reestructuración, y esto en función de un contexto económico y social caracterizado por tres elementos fundamentales:

  1. Cambios en la demanda de alimentos, en las pautas y los patrones de consumo y en los hábitos de compra.
  2. Transformaciones tecnológicas importantes que impulsan procesos de reestructuración industrial y de tercerización de la economía.
  3. Cambios en la conformación y estructuración de la cadena agroalimentaria especialmente en las etapas de circulación y distribución de bienes.

La interacción de estos tres elementos permiten el surgimiento de nuevos actores, de nuevos núcleos de poder económico y nuevas modalidades de articulación intersectorial.

Si se observa la serie histórica sobre la evolución del ingreso personal a través de los últimos 30 años, se ve que existe un aumento del mismo, más allá de los números absolutos. Este se ha multiplicado prácticamente por 11 ó 12 y si comparamos dicha serie con la serie sobre gastos en alimentos observamos la existencia de un incremento muy fuerte sobre los valores destinados a gastos en este rubro, pero también una disminución del porcentaje de gastos asignados a los mismos. Y esto tiene entonces un efecto muy importante porque la variable económica en la decisión de compra de alimentos comienza a no ser tan significativa como lo era cuando el porcentaje del salario destinado a alimento era más considerable; empiezan a valorizarse elementos como nutrición, salud, y fundamentalmente calidad, como factores definitorios para la compra de los alimentos.

Hay otro elemento importante en la demanda de alimentos que determina cambios en las pautas del consumo y es la estructura de la población; lo s países centrales han tenido en las últimas décadas una muy baja tasa de natalidad, lo que ha generado un importante envejecimiento de la población. Los datos de algunos países darán la una idea de lo que implica esta modificación en la composición social: en Francia, el 16% de la población es monoparental, es decir una sola persona, un 22% lo constituye la clase pasiva y un 25% de la población son parejas sin hijos. En Gran Bretaña el 25% de la población total es de una sola persona y el 33% de parejas sin hijos. Esto tiene un efecto muy importante en la demanda de alimentos y explica la producción de alimentos en porciones más pequeñas o bien, en productos frescos, tamaños de frutas o de hortalizas que puedan ser consumidos prácticamente en una sola ingesta. Otro factor importante en los cambios sociales que influyen sobre la demanda de alimentos es la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, que conlleva la búsqueda de comidas preparadas o semi-elaboradas que permitan una rápida preparación de los alimentos. Esto se relaciona con un nuevo fenómeno como es la valoración del tiempo.

Si hay una condición de la época actual es que el hombre cada vez vive más apresuradamente, por lo tanto la asignación del tiempo a la preparación de comidas disminuye vertiginosamente y por ello cobran importancia las comidas elaboradas o semi-preparadas. Encuestas realizadas en diferentes países indican la existencia de un acento importante en los aspectos de salud y nutrición. Esto hace que los alimentos frescos y naturales empiecen a ser valorizados fuertementes y también los jugos sobre todos de frutas, los jugos cítricos en primer lugar, luego los jugos de fruta de pepita y empiezan progresivamente a aparecer otros frutos especialmente los exóticos que también son destinados a la juguería.

Todo este proceso de modificación en los hábitos de consumo alimentarios ha producido una aceleración muy fuerte sobre el proceso de innovación de productos y, a su vez, sobre el acortamiento de la vida útil de los mismos. Entre 1970 y 1990 la vida media de los productos se acortó a la mitad y las proyecciones indican que para el fin de la década, es decir para el año 2000 la vida media de un producto va a estar en el orden de los 2 años. El desarrollo tecnológico permite ir caracterizando a los productos agropecuarios hacia otros fines no exclusivamente alimentarios, es decir, comienza la consideración de los alimentos, con sus características funcionales y no solamente con destino nutricional, sino también con otro tipo de destino. Esto demuestra que patrones de consumo y de demanda alimentaria se van modificando.

Ejemplo de ello es la evolución de los productos congelados en diferentes países. Dos elementos fundamentales marcan el ritmo de la evolución de la demanda de productos congelados, uno es el freezer , y el otro es el horno a microondas. Son los dos elementos que preceden la demanda y el crecimiento de los productos congelados. En Alemania por ejemplo, entre 1988 y 1991 se triplicó la oferta y el consumo de vegetales congelados al igual que en EEUU. En el rubro de ensalada de frutas, por ejemplo, se pasó en este país, de 180.000 Ton. en 1989/90 a 210.000 Ton. en el período 90/91. Es decir, en dos temporadas se registra un fuerte incremento de la demanda. En otros productos, como quesos, el consumo mundial aumenta fuertemente en los últimos 5 años, a una tasa del 7.6% considerando el período 1988/1993. En Francia, el 60% de las personas entre los 15 y 49 años consume diariamente frutas, mientras que en el segmento de los 50 a 64 años el 72% de la población también tiene el mismo patrón. Los aspectos de salud y los de nutrición toman importancia considerable y el público consumidor comienza a tener diferentes apetencias dejando los productos que tienen mayor contenido de colesterol, mayor contenido de grasas, mayor contenido de aditivos, para demandar productos frescos y naturales.

Si se considera la demanda de productos sanos y naturales en su máxima expresión, se observa que comienza a desarrollarse en el mercado mundial los productos orgánicos o ecológicos que tienen un sistema de producción donde la química no está presente.

Particularmente, este es un nicho de mercado interesante, aunque todavía es muy pequeño si se analizan los porcentajes de participación dentro del comercio alimentario mundial, donde la participación no es mayor del 2-3% de la demanda alimentaria total, pero con un crecimiento muy veloz y marcado, donde Argentina tiene un marketing a medio camino hecho, ya que lo que hace años atrás nos acomplejaba y angustiaba en medio de la revolución verde, por nuestras bajas tasas de incorporación de agroquímicos a la producción agropecuaria, hoy se transforma en una posible ventaja competitiva para este tipo de producciones y esa idea que tenían y que todavía persiste en gran cantidad de consumidores europeos de nuestro país, puede ser aprovechada eficientemente a través de un marketing hábil para estructurar una penetración en los mercados internacionales de productos orgánicos o ecológicos.

En 1992 el comercio mundial de productos orgánicos certificados fue del orden de los 3000 millones de dólares, y que de los países industrializados se importaron alrededor del 25 al 30% del total de los productos comercializados. Cálculos prudentes esperan que dentro de dos años este comercio llegue al orden de los 5000 millones de dólares, y por razones evidentes de producción si crece la demanda, si crece el comercio, aumentarán las tasas de importación de productos orgánicos de los países en vías de desarrollo. Representa entonces, un mercado de importación posible del orden de 1000 a 2000 millones de dólares en dos o tres años, del cual Argentina podría participar en un mercado naciente, de una apetencia mundial importante donde hay una conciencia ecológica y de conservación de los recursos naturales de parte del mundo desarrollado cada vez mayor.

Argentina no ha tenido experiencias en ser un país líder en el lanzamiento de nuevos productos. Tradicionalmente nos ha ido bien con nuestros granos y nuestras carnes, y se comenzó a tener problemas cuando los productos de bajo valor unitario, los commodities, empezaron a tener una sobre oferta mundial.

En la actualidad, en cambio, ha comenzado una etapa de productos de alto valor agregado, productos diferenciados, productos para segmentos específicos de la población. Y Argentina, hasta ahora al menos, ha corrido a la zaga de otros países, entre ellos vecinos nuestros, como Chile con las frutas, como Brasil con los jugos concentrados cítricos o como Colombia con las flores.

Para el mercado de productos orgánicos, en franco crecimiento, Argentina cuenta con una legislación al respecto, y tiene un sistema de certificación de calidad de estos productos, con dos certificadoras nacionales reconocidas y validadas ante la CEE y EEUU, lo que permite pensar que si se monta una asistencia tecnológica suficiente y comercialmente se actúa con agilidad y eficiencia, se pueden encontrar un nicho de negocios sobre todo para un rango determinado de productores donde el listado de productos es muy amplio: desde hortalizas y frutas frescas, productos para niños como baby food, ropa de algodón orgánico, especias, hierbas aromáticas y medicinales, carnes, etc. Es decir, hay un listado y una gama desde lo intensivo y extensivo, desde lo fresco a lo procesado, muy importante.

Se debe considerar que los sistemas agroalimentarios en la actualidad deben basar sus estrategias en tres ejes fundamentales:

  1. seguridad alimentaria, es decir productos no tóxicos;
  2. el servicio alimentario, esto es productos de alto valor, comidas preparadas, platos congelados, alimentos precocidos o de rápida elaboración;
  3. la salud alimentaria, es decir, productos sanos, sin aditivos, con bajo contenido de calorías o colesterol

Estos elementos ya son incluidos en la estrategia de los sistemas alimentarios del mundo desarrollado, acelerando el proceso de transformación de aquellos sistemas que hacen perder poder económico y de negociación al sector de la producción agropecuaria.

Comparando dos puntos muy extremos en el tiempo, 1910 - 1990, hay tres grandes rubros que inciden el precio final de un producto. Estos son: los insumos, la producción y la etapa de procesamiento, distribución y comercialización.

Los insumos agropecuarios desde 1910 a 1990 no modifican su porcentual de participación. El mayor impacto se registró en el valor de la producción agropecuaria: en 1910 participaba del 54% del precio final, mientras que hoy participa del 8 al 10%, y en algunos casos del 14% del precio final, mientras crece enormemente -duplicándose o más en algunos casos- la participación de la etapa de procesamiento, distribución y comercialización, que en el mismo período salta del 35 al 79%. Esto muestra que el sector agropecuario ha pasado de ser un productor de alimentos a ser un productor de materias primas. Esto es un cambio muy importante que ha tenido lugar en el sector agropecuario, y por lo tanto ha perdido significación económica y poder de negociación. En muchos casos también pierde autonomía, comenzando a hacer agricultura o producción por contrato para grandes empresas agroindustriales. Esto tiene una dramática significación para el productor y una demanda de reestructurar su participación orientada al futuro.

Reiteradamente se dice que el productor debe dejar de ser exlusivamente productor agropecuario para convertirse en empresario. Esto es fácil de decir y muy trabajoso de hacer. Por ello, en un indicador que muestra la escasa participación que tiene sobre el precio final el productor agropecuario, habrá que determinar de qué manera comienza a establecer participaciones en algunos eslabones adicionales de la cadena de valor de un producto. Porque por más adelantos e innovaciones tecnológicas que puedan realizarse a nivel de mejoramiento de la productividad y de la calidad a nivel de campo, es muy poco lo que podrá mejorar su rentabilidad.

Esto implica un cambio cultural y de estrategias muy duras, e implica también construir habilidades al interior de la empresa agropecuaria que no son sencillas. Si antes había una tradición donde el productor se definía a sí mismo como productor y en alguna medida se desentendía de aquello que era el comercio, y en consecuencia entregaba al acopiador o al consignatario lo producido para que ellos lo negocien, hoy en día la respuesta del retorno al productor de ese mecanismo comienza a ser realmente deficitaria. Entonces comienzan a aparecer alternativas, como son los productores que se integran verticalmente. Analizando el entramado de los sistemas agroalimentarios europeos se observa que en ellos, con diferencias importantes de acuerdo a cada país, participan fuertemente de las PyMEs. Todavía el 90% del sistema agroalimentario europeo está en manos de ellas, pero teniendo cada vez menos poder y peso relativo. Es decir, cada vez más son los grandes grupos agroalimentarios los que están manejando una porción mayor del comercio y un sinnúmero de pequeñas empresas manejan porciones cada vez más pequeñas.

Tomando las diez principales agroindustrias en cada país: en Inglaterra éstas venden el 56% de los alimentos, en Francia el 54% en Alemania el 43% y en España el 32%. En alimentos frescos, estos grupos comercializaban en 1970 el 29% del total, mientras que en 1990 participan en el 50% de las ventas de frutas y hortalizas.

¿Qué sucede entonces con las pequeñas y medianas empresas? Las grandes agroempresas van generando un entramado de alianzas estratégicas, de integración vertical con el procesamiento de la producción agropecuaria. El grupo italiano Ferucci, tiene una integración vertical muy importante, o bien como las principales agroempresas del mundo caso Unilever, o Nestlé, que van conformando un portafolio de productos, posicionándose en marcas prestigiosas y en mercados consumo final en : snacks, en aguas minerales, en cereales para desayuno, en productos congelados. El futuro no va a ser sencillo para las PyMEs incluso en aquellos países como Italia donde las pertenecientes al sector agroalimentario tienen todavía una participación importante y son protegidas por condiciones de política local que las preservan otorgándoles apoyos en dos ámbitos específicos: investigación y desarrollo -elementos centrales para poder posicionarse en un mercado de creación permanente de nuevos productos- e infraestructura.

Hay otro elemento importante y que marca también las estrategias de los sistemas agroalimentarios de los países desarrollados y es la tercerización de la economía, especialmente en lo referido a los últimos segmentos de la etapa de bienes hacia el público consumidor. Esto se aprecia en la aparición, por un lado, de los grandes distribuidores modernos con la cadena de minoristas y sobre todo con el supermercadismo; y por otro lado con la aparición de empresas de servicios, de distribución y circulación de bienes que modifican también estas estructuras.

En Argentina se está viviendo sobre la transformación que implica la irrupción de los grandes supermercados, estas enormes unidades de venta donde uno ahorra tiempo y donde encuentra no sólo calidad de productos sino también en muchas ocasiones los precios más convenientes. Dos incorporaciones tecnológicas han cimentado este proceso de irrupción de los supermercados -hipermercados- impactando sobre el sistema agralimentario, y es por un lado la informatización y por otro, el mejoramiento de el almacenamiento a través de plataformas de distribución.

La incorporación del scanner y el código de barras han tenido también un impacto fundamental para mejorar la información a través de un constante seguimiento en los puntos de venta del comportamiento de los consumidores, para manejar el reciclado de los stocks, y para mejorar también una muy flexible política de precios. Estos elementos han traídos entonces una atención muy fuerte hacia el comportamiento de la demanda, hacia los indicadores de modificaciones en las pautas y hábitos de consumo de los pobladores. Por lo tanto, las grandes agroempresas de la alimentación en correlato con esta situación tienen en este momento un poder de negociación restringido frente a estos grandes centros de alimentación. Y estos grandes centros de distribución alimentaria comienzan a su vez, a pactar contratos de aprovisionamiento con productores directos y a tener poder en la constitución -de un intangible aunque hoy en día de elevado valor- de las marcas.

Ante la gran irrupción de productos en el mercado, el público comienza a tener fidelidades hacia una marca que le asegura determinadas características del producto que va a adquirir. Entonces las marcas antes establecidas en forma absolutamente monopólicas por las grandes empresas alimentarias empiezan hoy en día a competir a su vez con marcas que comienzan a estar presentes en los centros de comercialización, y ello modifica el poder de negociación entre los proveedores agroalimentarios y los grandes centros de distribución.

Otro elemento importante en este mecanismo de transformaciones es la irrupción de la biotecnología. Aunque todavía no se manifiesta demasiado fuertemente en las agroindustrias de procesamiento final de productos, la biotecnología ya ha tenido un impacto importante en el complejo agroquímico y en las industrias de primer procesamiento de materias primas. En general, el sector agroalimentario ha sido beneficiario de incorporaciones tecnológicas desarrolladas por otros sectores, incorporando algunos aspectos importantes de tecnologías no exclusivamente desarrolladas para este sector. Ejemplo de ello son los procesos de ultrafiltración tanto en jugos como en lácteos; de separación mecánica en la molinería, de fermentación y conservación de los productos; procesamiento técnico, cámara de atmósfera controlada, envases biodegradables, etc. Los investigadores están augurando un impacto muy fuerte y transformador para fine de esta década, mediante la incorporación de nuevas tecnologías.

Analizando con atención la evolución del sistema agroalimentario internacional, se puede identificar una dinámica destacable, referida a:

  1. Investigación y desarrollo de nuevos productos, ya que hay una apetencia cada vez mayor de los consumidores en tener productos sofisticados. Esto indicaría que se está pasando del producto alimentario al producto servicio, al producto símbolo, es decir, a aquel producto que no sólo satisface una necesidad sino a su vez también satisface deseos ocultos de gratificación y/o estatus. Esta tendencia tiende a conformar un mercado cada vez más segmentado en nichos o en ventanas que se modifican, y los tamaños de estos segmentos de mercado son muy variables y de muy rápida transformación y traslación hacia otros mercados.
  2. La transnacionalización del sistema agroalimentario internacional, En los últimos años las absorciones, fusiones, apertura de filiales de las grandes agroempresas han homogeneizado el consumo alimentario, pero simultáneamente a ello todavía se manifiestan gustos locales que permiten tener nichos de mercados a ser satisfechos por aquellas pequeñas y medianas empresas que no tienen capacidad de respuesta para el consumo masivo, es decir las especialidades.

Este mercado mundial cada vez más cambiante y dinámico exige la capacitación de recursos humanos que posibilite construir ventajas competitivas estables en el tiempo.

Es de prever una concentración muy fuerte hacia fin de siglo. Un análisis realizado por el Food Institute de EEUU indica que para el año 2000 el 90% del mercado alimentario esté en manos de las 25 cadenas más grandes. En Europa las 5 más grandes actualmente ocupan el 65% del mercado. Se debe esperar entonces un proceso cada vez más agudo de concentración.

Simultáneamente se debe atender la evolución de las comidas rápidas y de las comidas que se compran para llevar. Las empresas de comidas rápidas en 1990 facturaron 60 mil millones de dólares sólo en EEUU y en 130 mil establecimientos. También es necesario atender la irrupción de nuevos productos. Solamente en EEUU aparecieron en 1990 unos diez mil nuevos productos, y de ellos la mayoría muere en el primer año. Nuevos productos que en muchos casos son cambios en el packaging, modificaciones muy pequeñas pero que son calificadas como nuevos porque la imagen que presentan al consumidor le dan la idea que es un producto diferente al que venía consumiendo. La tecnología en presentación y en elaboración de alimentos es un factor fundamental del éxito.

Con esta irrupción de nuevos productos la competencia por las estanterías en las góndolas de los super-hiper mercados cada vez es mayor, no sólo por la presencia en las estanterías sino inclusive por el lugar donde se ubican los productos en ellas. Hay mediciones muy exactas sobre la evolución de las ventas de acuerdo al lugar de la góndola donde está ubicado un producto.

También se debe atender el empaque, pues comienza a ser un elemento del marketing para hacerlo atractivo. Con la irrupción de la mujer en el mundo laboral, el hombre comienza a participar de las compras. Cuando se va al supermercado, normalmente hay un 50-55% del público que concurre con un listado ya hecho, pero hay un 40% aproximadamente que compra por impulso, siendo éste una respuesta a un manejo del marketing , es lo que atrae al consumidor a comprar un producto que no tenía planeado adquirir. Hay elementos inconscientes que lo atraen y por lo tanto compra con la vista, mucho más que por los aspectos más intrínsecos del producto.

También se debe atender la importancia de la marca y de la publicidad. En EEUU los gastos en publicidad en 1993 superaron los 12 mil millones de dólares; las empresas agroalimentarias de ese país están destinando entre el 1,5 y el 2% de sus ventas a gastos de publicidad, difusión y promoción. En Europa y en Francia particularmente, se destina el 1% de las ventas a este tipo de acciones.

Como productores de alimentos en general, deberíamos ver cuáles son las consecuencias de este panorama con enormes desafíos, con tecnologías de avanzada no sólo en la producción sino también en la distribución, con la figura de actores nuevos, de modificaciones en los poderes económicos de estos actores y con relaciones en las articulaciones intersectoriales que se van modificando permanentemente. ¿Cuáles son los desafíos y cuáles pueden ser las respuestas para el sector agroalimentario argentino? Resulta necesario poner énfasis en lo que implica investigación y desarrollo y también en la capacitación de recursos humanos, elementos éstos que permiten pensar en la construcción de ventajas competitivas estables, durables en el tiempo.

El mundo se globaliza, por lo tanto hay que pensar en las sinergías que implica desarrollar esto. Esto implica realizar alianzas estratégicas con un enfoque fuertemente orientado hacia el mercado, a satisfacer necesidades que van marcando los consumidores. No se puede seguir ofreciendo productos que su fabricante o elaborador piensan que es bueno, sin tener en cuenta lo que están apeteciendo los consumidores, que puede no ser lo mejor, pero es lo que desean.

Resulta importante establecer políticas al interior de la empresa con objetivos y misiones empresarias muy bien enfocadas. No se tiene una valorización suficientemente importante de lo que es la misión de una empresa, que resulta diferente de los que son los objetivos de la misma. La misión de una empresa constituye una mística, es lo que permite a los integrantes y participantes en todo su conjunto de esa empresa sentirse parte, sentirse que están con "la camiseta puesta" y por lo tanto tiene un grado de adhesión, de compromiso con la empresa que constituyen también ventajas competitivas. Por lo tanto, y en una etapa de fuertes reestructuraciones a nivel empresarial, implica tomar conciencia de que ya no hay un mundo que está necesitado de alimentos, al contrario el mundo de hoy está sobreofertado de alimentos. En términos globales las proyecciones sobre demanda alimentaria para los próximos 30 años hablan de un crecimiento de sólo un 6% en términos globales hasta el 2000 y luego un estancamiento o inclusive un decrecimiento. Por supuesto que habrán pequeños subsectores o determinadas líneas de productos que tendrán un fuerte crecimiento.

Entonces se necesita tener montado un sistema de información que permita responder a estos cambios rápidos, profundos e irreversibles con mucha facilidad. También exigirá organizaciones flexibles que se puedan adaptar con rapidez a estos cambios que ocurren y seguirán ocurriendo en el mundo.

El modelo mundial de los grandes sistemas agroalimentarios y empresas del sector es dinámico, y han conformado alianzas estratégicas o de apoyo logístico, por lo que si la pequeña y mediana empresa no concreta acuerdos que permitan integraciones horizontales y verticales va a tener grandes problemas, ya no de crecimiento sino de supervivencia.